Índice:
- Introducción
- El sistema político de EE. UU.
- La construcción del partido
- Asuntos internacionales
- Estrategia electoral
- Organización independiente de la clase trabajadora
- Estrategia laboral
INTRODUCCIÓN
Nuestra tarea es fusionar el socialismo y el movimiento obrero.
Esta es la fórmula de la fusión, tan esencial hoy como cuando la identificaron los primeros movimientos socialistas de masas del siglo XIX. Buscamos poner fin al terrible reinado del capitalismo y al horror que inflige a diario a las personas y al planeta. Esta es la misión histórica de la clase trabajadora.
El capitalismo siembra las semillas de su propia destrucción, pero esto no significa que debemos esperar para que se descomponga por sí solo. Este sistema se basa en la explotación, y siempre oprimirá a la gente. No importa cómo se explote y brutalice a la clase trabajadora, la gente resistirá. Dentro de la clase trabajadora, habrá gente que luchará. Este es el movimiento obrero, la clase trabajadora en lucha contra los patrones y los capitalistas. Dentro del propio movimiento obrero, algunos son conscientes del socialismo como su objetivo final. Para convertir a la clase trabajadora en la fuerza que pueda cumplir su gran vocación, debemos organizarnos continuamente para expandir esta conciencia desde adentro hacia afuera.
La base de la estrategia marxista es fusionar los intereses cotidianos que inspiran a la clase trabajadora en lucha con el objetivo final del socialismo. Es esencial, pero no suficiente, organizarse únicamente por las reivindicaciones económicas de la clase trabajadora, como salarios más altos o mejores condiciones laborales. Nuestra organización debe conectar las reivindicaciones económicas con las políticas. Debemos establecer continuamente la conexión entre el lugar de trabajo antidemocrático y el estado antidemocrático.
En toda lucha —ya sea en el lugar de trabajo, por la justicia racial, la libertad reproductiva, los derechos de las personas trans, contra los crímenes del imperialismo, etc.—, nuestro papel es establecer el vínculo entre las injusticias y la falta de poder político de las masas trabajadoras. Mientras la clase dominante pueda simplemente ignorar o anular cualquier logro que alcancemos, luchar únicamente por reformas al sistema existente es, en el mejor de los casos, mantenerse a flote hasta que esas victorias sean revertidas. En nuestra organización, debemos dejar claro que la única manera de lograr victorias duraderas para la clase trabajadora es acabar con el dominio minoritario de los capitalistas establecido en la constitución esclavista.
En cada uno de nuestros congresos, los miembros del Grupo de Unidad Marxista redactan, debaten, y votan sobre un documento de “tareas y perspectivas” para ayudar a establecer un camino hacia este objetivo general. Las siguientes tesis presentan un análisis estratégico detallado del estado actual de la política nacional, internacional e intraorganizacional. Son el resultado de un proceso continuo de reflexión colectiva sobre el camino a seguir y representan áreas de coincidencia política más o menos sustanciales. Como tales, constituyen un importante punto de referencia a medida que avanzamos en la lucha política a corto plazo. En 2026, el Grupo de Unidad Marxista estamos emitiendo nuestras primeras directrices. Les pedimos a todos nuestros miembros y simpatizantes que den prioridad a dos tareas en cada espacio donde organicemos para ayudar a impulsar el objetivo de una república verdaderamente democrática en los EE. UU.:
- Agitar a todos los niveles por la necesidad de un Programa que pueda unir al movimiento obrero y a los movimientos actuales contra el imperialismo y la opresión estatal.
- Apoyar a toda la organización encaminada a que el DSA elija un bloque coherente en el Congreso, como una forma de dar voz a la mayoría cada vez mayor que se opone al militarismo.
EL SISTEMA POLÍTICO DE EE. UU.
1. En su primer año, la administración de Trump ha llevado a la ruina a casi todos los estratos de la clase trabajadora estadounidense. Ha vaciado a la administración pública, debilitando y desmantelando todas las agencias del Estado, salvo las más represivas. Impuso aranceles que parecieran fueron diseñados para llevar a la economía a una recesión. Ha erosionado drásticamente las apariencias de libertad política, libertad de prensa y libertad de organización, y ha emprendido una ofensiva constante contra los trabajadores migrantes y queer. Nuestro momento político se caracteriza por un Estado abiertamente reaccionario, tanto a nivel nacional como internacional, que no se disimula en absoluto. Incluso los supuestos llamamientos nativistas y populistas a favor de alimentos más baratos han quedado descartados desde hace tiempo, en favor de convertir al Estado en una máquina de regalos para las arcas de la clase capitalista, particularmente en los sectores de la gran tecnología, el sector inmobiliario, las finanzas, las criptomonedas y las industrias de seguridad y armamento. Aunque la popularidad del Partido Republicano está disminuyendo rápidamente, la tiranía seguirá estando a la orden del día hasta que se frena definitivamente el avance bipartidista hacia el autoritarismo.
2. Han surgido dos dinámicas que empujan a la izquierda a formar coaliciones amplias —una especie de «frente popular desde abajo». Por un lado, los ataques de la administración de Trump han arruinado y destruido innumerables vidas, lo que ha generado una urgencia masiva por construir una oposición. Esto está impulsando a sectores de la clase trabajadora que antes no participaban a subir al escenario político, creando nuevas organizaciones y transformando las antiguas. Al mismo tiempo, los líderes del Partido Demócrata percibieron las elecciones de 2024 como una señal de apoyo orgánico al trumpismo, lo que generó una brecha entre los dirigentes del partido y su base, cada vez más alienada. Estos factores son en parte responsables de la victoria de Zohran Mamdani en las elecciones para alcalde de la Ciudad de Nueva York, lo que demostró que los socialistas pueden actuar como una fuerza unificadora contra la dictadura de una manera en la que los Demócratas no han podido hacerlo.
3. Si bien este frente popular parece ser una oportunidad para que la DSA amplíe su base de apoyo, está dividido por un desacuerdo fundamental: si Trump representa una aberración respecto a una visión Whig de un orden político estadounidense imperfecto pero fundamentalmente progresista, o bien una manifestación de la naturaleza intrínsecamente autocrática de un sistema político antidemocrático diseñado por esclavistas. Las ONG progresistas de «afiliación masiva», desde las más recientes, como No Kings y 50501, hasta las más consolidadas, como Indivisible, que se remontan al primer mandato de Trump, han adoptado el liberalismo patriótico, movilizando imágenes y un lenguaje propios de la Revolución Estadounidense contra la administración de Trump. La pugna entre la defensa del orden constitucional y la lucha por una nueva república será el conflicto definitorio de este nuevo movimiento por la democracia.
4. El programa «Los trabajadores Merecen Más» de la DSA establece que nuestro objetivo es «poner a los trabajadores al mando del gobierno mediante una nueva constitución democrática que establezca derechos civiles, políticos y democráticos para todos». Al mismo tiempo, nuestro trabajo electoral concreto se centra en elegir a políticos, intentar aprobar reformas transformadoras y «tomar el poder» dentro del sistema existente. Para la izquierda revolucionaria, la existencia de la oligarquía estadounidense ha servido históricamente como justificación para la abstención total de la política; mientras que el movimiento progresista se hace ilusiones de que el 99 % puede lograr un mundo más humano a través de la legislación.
5. Desde su fundación, Estados Unidos ha sido una oligarquía colonial, no una democracia. Su órgano legislativo está dividido entre una cámara baja poco representativa y con casi nulo poder, y una cámara alta aún menos representativa, diseñada para representar los intereses de las élites rurales. Su poder ejecutivo cuenta con amplios poderes despóticos que se han acumulado a lo largo de siglos, y nombra a los jefes del poder judicial de por vida. En todos los niveles se imponen restricciones a la capacidad del pueblo para gobernar la sociedad a través de sus representantes electos. Y estas estructuras se replican a nivel estatal y local, lo que limita gravemente nuestra capacidad para asumir el control político incluso a la escala más pequeña. Estos poderes, combinados con el carácter territorial del Senado, le dan al proceso legislativo un sesgo reaccionario que refleja la política de la pequeña burguesía blanca, heredera de los colonos pequeños propietarios. Si un proyecto de ley logra pasar por ambas Cámaras, debe enfrentar «controles» adicionales por parte de las otras ramas del gobierno. El presidente puede además vetar un proyecto de ley, lo que requiere una mayoría de dos tercios en ambas Cámaras para anular el veto. Siguiendo el precedente del caso Marbury contra Madison (1803), el poder judicial, encabezado por la Corte Suprema, puede ejercer su llamado “derecho de revisión judicial” para declarar «inconstitucional» cualquier ley dentro de los Estados Unidos. El poder judicial es, en última instancia, un órgano sin poder. No tiene la capacidad de gobernar un país por sí solo, por lo que los períodos de aparente «gobierno judicial» son, en realidad, siempre el dominio de su propio mecanismo de aplicación. Desde la década de 1930, independientemente de si los tribunales se consideraban liberales o conservadores, cada tribunal ha fortalecido sistemáticamente al Poder Ejecutivo.
6. La Gran Depresión destruyó el sistema político que había prevalecido durante toda la Era Dorada. El Segundo New Deal, por el que lucharon los sectores radicales del movimiento obrero y que fue administrado por un frente formado por la administración de Roosevelt y los líderes de las industrias, resolvió la crisis económica mediante la creación de un Estado administrativo cada vez más grande, integrado en el poder ejecutivo. A medida que la recuperación económica dio paso a la expansión militar, el Poder Ejecutivo se fue fortaleciendo cada vez más, hasta que el 16 de julio de 1945 la Presidencia obtuvo el mayor poder destructivo jamás conocido por el hombre, un poder que Estados Unidos utilizó contra la población de Hiroshima y Nagasaki. Desde la década de 1950, la Presidencia de Estados Unidos ha tenido el poder de destruir toda la vida en la Tierra, y no puede calificarse más que de imperial.
7. La presidencia fue ampliando gradualmente sus poderes a lo largo de la Guerra Fría, creando un estado de inteligencia nacional. La Guerra Global contra el Terrorismo fortaleció aún más ese estado de inteligencia y consolidó las órdenes ejecutivas como un medio eficaz para la formulación de políticas. Desde el surgimiento del derechista Tea Party, el poder legislativo ha estado tan estancado que la mayor parte de la formulación de políticas desde 2010 ha sido llevada a cabo por las agencias reguladoras del poder ejecutivo, en lugar de mediante la legislación de los órganos electos de los EE. UU. Incluso esto ha sido objeto de ataques bajo la nueva administración de Trump y, posteriormente, bajo la Corte de Roberts, ya que el Partido Republicano busca desmantelar todos los aspectos administrativos del gobierno federal, dejándonos con el objetivo paradójico de un Estado «mínimo» de vigilante nocturno con un ejército de un trillón de dólares y una vasta fuerza paramilitar.
8. El sistema constitucional vigente niega el derecho al voto universal e igualitario, tanto a través de métodos ilegales —como la violación de la Ley de Derechos Electorales— como mediante mecanismos más arraigados, entre los que se incluyen la privación del derecho al voto a los condenados por delitos graves, la distribución desproporcionada de escaños en el Senado, los Colegios Electorales y el poder judicial federal no elegido. Mientras el sistema constitucional siga negando el sufragio universal e igualitario, todos los demás derechos, incluidas la libertad de reunión y de expresión, seguirán siendo vulnerables. La clase trabajadora necesita un sistema político democrático para consolidar sus victorias y lograr nuevas reformas, entre ellas la reducción del gasto militar, salarios más altos y una atención médica universal. La democracia es también el camino hacia la socialización de la economía y hacia avances más sustanciales hacia el comunismo.
9. La falta de democracia se hace aún más evidente en los diversos territorios y entidades políticas semicoloniales bajo la jurisdicción de Estados Unidos. Washington, D.C. es la capital del país y ofrece mayores derechos democráticos que la mayor parte de Estados Unidos, ya que tanto los reclusos como los residentes no ciudadanos tienen derecho al voto; sin embargo, la Constitución excluye a D.C. de la condición de estado, y la limitada autonomía que otorga la Ley de Autonomía Local se ve amenazada por el gobierno federal. La fachada de autonomía de D.C. queda al descubierto por la ocupación federal directa de tropas de la Guardia Nacional, cuya presencia se remonta a casi seis meses, junto con una represión menos visible pero más insidiosa llevada a cabo en todo el país por el ICE y las agencias federales. Los territorios de EE. UU., que son prácticamente colonias, se encuentran en una situación aún peor: Puerto Rico, por un lado, sufre apagones y, por otro, es una base de operaciones para el imperialismo estadounidense en el Caribe y América Latina.
10. Las victorias a nivel estatal no son sustituto de una constitución federal democrática. Todos los proyectos denominados «Socialista de Alcantarilla» se topan, en última instancia, con los límites estrictos que imponen los poderes estatales y federales. En Jackson, Mississippi, la lucha paciente de generaciones de activistas, que culminó en Cooperation Jackson, condujo a la victoria de Chokwe Lumumba en 2013 y de su hijo en 2017, con el objetivo de lograr salarios más altos y mejores servicios municipales. Sin embargo, el estado de Mississippi impidió que Jackson pudiera aumentar su salario mínimo. Incluso la ciudad de Nueva York depende de fondos estatales y nacionales para funcionar. Si bien la agenda de reformas de Zohran Mamdani es inspiradora, se enfrentará a obstáculos a nivel estatal y federal que no pueden superarse dentro del orden constitucional vigente. El poder político a nivel nacional no se puede conquistar poco a poco. Por eso necesitamos un partido socialista organizado a nivel nacional que luche por conquistar el poder nacional a través de una república socialista democrática.
LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO
11. La estrategia revolucionaria gira en torno al partido político de los trabajadores, motor de la acción política de la clase trabajadora. El partido debe garantizar a todos los miembros la igualdad de derechos de participación en el proceso democrático, congresos regulares de la membresía soberana, elecciones abiertas de liderazgo en los congresos, organizaciones locales del partido organizadas en torno a una membresía soberana y la libre organización de facciones. Estas votaciones y la obligación estructural de los órganos administrativos y de liderazgo hacia la membresía general son la forma en que el movimiento socialista se educa en la práctica.
12. La base de la democracia partidista es la libertad de información, asociación y debate. Una organización donde la toma de decisiones recae únicamente en el liderazgo o en camarillas puede implicar la aprobación automática de los miembros para dar la impresión de democracia, pero es solo una fachada. En todos los niveles de nuestra organización, los miembros deben tener la oportunidad de debatir y tomar decisiones sobre las cuestiones más cruciales y controvertidas de nuestro movimiento. El camino hacia una organización que mantenga una sana diversidad política y se mantenga unida en torno a objetivos programáticos no consiste en ocultar las principales cuestiones que nos dividen ni suprimir la disidencia para parecer unificados. Tenemos que ser honestos y claros acerca de nuestros desacuerdos dentro de la organización, y es igualmente nuestra responsabilidad como individuos y como facción practicar el desacuerdo y la crítica de manera fraternal y amistosa.
13. Construir el partido requiere necesariamente luchar por el valor de la gobernanza deliberativa y democrática contra el gobierno de expertos o el gobierno informal de una camarilla. Mientras que los defensores de la "democracia digital" en DSA, como Groundwork, se han justificado con la frase "un miembro, un voto", la adopción de las encuestas como método de toma de decisiones del partido margina por completo la deliberación y a la militancia, desviando a los agentes de nuestra democracia de las reuniones donde los miembros se reúnen para elaborar estrategias, debatir y sintetizar posiciones, convirtiéndolos en meros cómplices individuales. La democracia digital ofrece atractivas promesas de apertura horizontal y una forma de adivinar alguna verdadera voluntad de sus miembros. Esto reproduce el mismo problema que se presenta con la democracia directa en general, y eliminar la deliberación y el debate a favor de los referendos en línea simplemente entrega el control a quienes determinan la naturaleza y la redacción de las encuestas. En lugar de brindar a los miembros la experiencia de la toma de decisiones colectiva, este camino les ofrece una opción binaria que los aliena, una mera fachada para ratificar la voluntad de un liderazgo arraigado.
14. Dado que las asociaciones obreras se componen principalmente de miembros que dedican su tiempo limitado fuera del trabajo asalariado, necesitamos tanto un grupo de miembros que puedan dedicarse al trabajo práctico en nombre de todo el colectivo a tiempo completo, como desarrollar una infraestructura que alivie las exigencias de la reproducción social para la clase trabajadora bajo el capitalismo. Los requisitos exigidos para participar en la DSA han facilitado hasta ahora que sean principalmente los profesionales más jóvenes y sin hijos quienes construyan nuestra organización, lo que ha limitado la capacidad del partido para integrarse con un sector más amplio de la clase trabajadora. Priorizamos la lucha por un liderazgo político remunerado junto al personal, no en sustitución de este, para garantizar que los representantes de los miembros, elegidos democráticamente, se encuentren entre quienes pueden dedicarse de lleno al partido. Además, desarrollar infraestructura como servicios de cuidado infantil en las reuniones permite al partido retener mejor a sus miembros y sentar las bases para una cultura de clase trabajadora socialista democrática multigeneracional.
15. Los congresos del partido deben ser el espacio para una discusión política incisiva y esclarecedora, donde los miembros puedan definir sus posiciones sobre las tareas, la estrategia y las tácticas del partido. Las Convenciones del DSA, los "congresos del partido" de nuestra organización, han sido históricamente un escenario de pequeñas disputas sobre procedimiento pero, a lo largo de cuatro años, los miembros de diversas facciones o caucuses han trabajado gradualmente para convertirlo en un órgano más deliberativo.
16. Esta iniciativa pone de manifiesto una tendencia más amplia dentro de la DSA: el desarrollo de un «sistema de caucuses» basado en un conjunto de facciones políticas en constante evolución. La relación entre el partido y sus facciones es una característica importante de la política socialista de masas. El partido puede unirse en torno a tareas, pero estas tareas siempre implicarán diferentes estrategias para cumplirlas, dado que en cualquier escala habrá diferencias entre regiones y escalas de tiempo. Además, en el trabajo conjunto siempre surgirán diferentes orientaciones debido a las distintas creencias y experiencias de quienes lo realizan. Todas estas tendencias y posiciones representan tendencias reales en el movimiento obrero que deben deliberarse a través de la democracia partidaria, actuando y percibiéndose como facciones. Las facciones practican sus estrategias y tácticas mientras participan en el debate interno y la polémica entre las tendencias que representan. Este proceso democrático informa las decisiones del movimiento y de la clase. Luchar por el autogobierno de la clase trabajadora debe significar la creación de una membresía masiva que tenga las herramientas y la experiencia para practicar este proceso democrático. Por lo tanto, los debates sobre tendencias dentro del partido deben ser públicos y facilitados por diversos órganos del partido y de las facciones, creando una conexión entre los resultados prácticos de su trabajo y sus diversas tácticas y estrategias.
17. Esta lucha abierta de tendencias permite que la política del movimiento obrero se manifieste como bloques visibles dentro del partido. Las facciones del DSA también han desempeñado papeles diversos, aunque limitados, en el discurso público. Solo gracias a sus facciones, el partido se convierte en un instrumento democrático de las masas trabajadoras, mientras que sólo gracias al partido, las facciones no se convierten en sectas. Esta dialéctica entre facción y partido es clave para la formación de la conciencia política de la clase trabajadora, y no menos aún de la conciencia política revolucionaria.
18. Cuando se sofoca la democracia organizacional, inevitablemente surgen escisiones. Esto ha resultado en la codificación de las escisiones como estrategia, mediante ultimátums emitidos por facciones minoritarias o utilizando la pureza política para justificar depuraciones sistemáticas. Esto conlleva ramificaciones políticas significativas. Actuar como si las facciones no pudieran trabajar juntas dificulta la cooperación práctica entre diferentes tendencias estratégicas que, por lo demás, comparten las mismas tareas, y niega una relación democrática con el movimiento obrero. Al negar el derecho de las facciones a existir en su seno, estos grupos mismos se convierten en facciones dentro del movimiento más amplio.
19. DSA, aunque a menudo imperfecto, ha demostrado ser la base contemporánea más sólida para un partido de masas de la clase trabajadora. Por el contrario, la ecología de facciones huérfanas de la izquierda de revistas teóricas excéntricas, comités monotemáticos y microorganizaciones ha resultado menos exitosa. En el mejor de los casos, estos enfant terribles pueden albergar activistas especializados y producir formaciones ideológicas únicas y generadoras. En el peor, los estrictos criterios de membresía y la censura interna "disciplinada" dan paso al arribismo y a la subordinación de los miembros comprometidos a los caprichos y abusos de camarillas descontroladas, lo que resulta en agotamiento y escándalos explosivos y desacreditadores. Reconociendo que la izquierda existente no puede ser eludida, junto con el trabajo de masas, DSA debe plantearse como una alternativa a los trabajadores y socialistas avanzados, nuevos y viejos, para cumplir su papel histórico como núcleo de un partido socialista de masas. Externamente, DSA debe participar en coaliciones de principios y en el trabajo de frentes unidos, estando dispuesto a criticar pública y honestamente a nuestros socios para promover el partidismo de masas. Internamente, a través de instituciones social-republicanas y democrático-centralistas, DSA debe demostrar una cultura organizacional y una práctica política que proteja a nuestros miembros de la intimidación o el reproche como antídoto contra el autoritarismo que se encuentra en sectores de la izquierda existente.
20. En ausencia de una fuerza organizada visible que justifique el riesgo de alienar a los elementos sociales burgueses de los cuales la clase obrera puede depender, los trabajadores operarán según los términos que les ha proporcionado el marco político capitalista. Los capitalistas explotarán estos prejuicios políticos burgueses para asegurar la hegemonía sobre las instituciones obreras, hasta el punto de no lograr proteger los intereses de los trabajadores organizados en ellas. Esto lleva a un sector de la clase obrera a rechazar unilateralmente la participación política. Otro sector comenzará su análisis político desde el valor que percibe en los limitados derechos y concesiones que disfruta, empleando una lógica de "reducción de daños" votando por partidos de izquierda-burguesa en lugar de organizarse en defensa de las conquistas existentes. Ambos exigirán pruebas prácticas de la alternativa política en los términos burgueses con los que entienden la política, y corresponde a los marxistas demostrar su alternativa. En un partido desarrollado, las facciones representan tendencias estratégicas, ya que el partido está unido sobre la base de la implementación de su programa. Vemos tres tendencias principales: la derecha, la izquierda y el centro.
21. Siguiendo una lógica similar a la de la “reducción de daños”, la estrategia de la derecha es organizar un partido cuya actividad esté orientada exclusivamente a asegurar reformas en interés de la clase trabajadora, existiendo como una opción de “a la izquierda de la izquierda burguesa”. Este enfoque práctico exclusivo en las reformas lleva a la derecha a abogar por la formación de coaliciones interclasistas para lograrlas lo antes posible, lo que requiere la disposición a operar como socio de coalición. En su forma más productiva, esta estrategia implica un movimiento obrero agrupado en torno a un liderazgo político reformista "militante" que se apoya en los movimientos de masas para convertirse en un socio principal de la coalición. Esto conlleva el beneficio de demostrar la capacidad de la clase obrera para organizarse en función de sus intereses y arrebatar demandas a la clase capitalista a través de su propio Estado, lo que a menudo surge de los deseos de la clase obrera de controlar las condiciones de sus vidas. Pero mientras que la derecha se apoya en los movimientos de masas para asegurar un programa reformista en la práctica, su coalicionismo hace que, en términos de su propia estrategia, sean independientes del movimiento obrero y organicen su partido de una manera que refleje las coaliciones que desean.
22. Las concesiones programáticas inherentes a la estrategia del coalicionismo conducen a una toma prematura del poder político, independientemente de la fuerza del movimiento obrero. Las consecuencias de esta toma prematura en última instancia decepcionan a la clase y desorganizan el movimiento. Estas concesiones comienzan con la renuncia a una transformación de la forma de Estado, teorizada como la "imposibilidad de la revolución". En la práctica, esto se manifiesta como una gestión burocrática del movimiento obrero para desalentar y frenar cualquier oleada revolucionaria hasta que llegue el momento "perfecto". El autogobierno de la clase obrera deja de ser una posibilidad política como resultado de esta práctica. Este abandono del autogobierno como objetivo programático elimina la amenaza a largo plazo que plantea el movimiento obrero, permitiendo la concesión de otras demandas, ya sea mediante la presión de las coaliciones o por la fuerza. Un resultado infame de este problema estratégico es la entrada masiva de socialistas de derecha en gobiernos de guerra durante la Primera Guerra Mundial y los fallidos gobiernos de coalición que le siguieron durante el período de entreguerras. Otro ejemplo es la caída del gobierno de la Unidad Popular, liderado por los socialistas, en Chile debido a la alianza de la mayoría parlamentaria burguesa con la fuerza militar respaldada por la CIA. Esta derrota repercutió en la clase obrera internacional, llegando incluso a motivar la política de cogobierno pacífico del Partido Comunista Italiano con la Democracia Cristiana.
23. El movimiento socialista en Estados Unidos no ha llegado a este punto. El aburguesamiento de las legislaturas estadounidenses, causado por los estrictos obstáculos para entrar en ellas, ha debilitado la política de la clase trabajadora y, por ende, a la derecha. La derecha del DSA, en torno a Groundwork y el Caucus de la Mayoría Socialista, defiende y practica constantemente la entrada del DSA como socio menor de coalición con los Demócratas progresistas, quienes en gran medida no han logrado imponer su agenda de reformas. La "gobernanza" que involucra a los socialistas se ha reducido de la formación de un gobierno con el partido obrero como socio principal (como elegir un presidente socialista) a la aspiración a la hegemonía en el ámbito de las ONG progresistas al negociar proyectos de ley con el ala centrista del Partido Demócrata. Esto nos coloca actualmente en la posición de socio menor de una coalición progresista que, a su vez, es socio menor de la corriente principal del Partido Demócrata. Esta manifestación de liquidacionismo dentro del DSA representa un punto de tensión extremo entre la dependencia práctica del partido del movimiento obrero y su independencia.
24. Una respuesta común a los fracasos políticos de la derecha es reconocer las limitaciones estructurales del Estado capitalista, considerando las intervenciones en él como desconectadas o incluso antagónicas de la estrategia revolucionaria, a menos que el partido pueda exigir su caída. Éste es el punto de partida de la estrategia de la izquierda. Siguiendo este principio, la izquierda evita el Estado y, en cambio, empuja al movimiento obrero hacia la conquista del poder político desde fuera de la esfera de acción política, independientemente de los sectores que desean intervenir en las elecciones o formar gobiernos. Con este fin, la izquierda utilizará tácticas como la acción directa que no requiere una participación masiva y que busca demostrar su estrategia a través de un daño real al capital o al Estado, o una huelga general que conceptualmente desencadene la caída del Estado y “entregue” el poder político a la clase obrera. Una postura más avanzada, representada en el DSA por el Caucus Comunista, reconoce la conexión necesaria entre la organización independiente de la clase obrera y la acción política efectiva. Sin embargo, siguiendo las conclusiones estratégicas de la izquierda, esta tendencia argumenta que la clase obrera debe “formarse como clase” (léase: organizarse) antes de la formación de un partido y la determinación de su programa. Esta postura, en efecto, reorienta su práctica hacia una forma más organizada de la estrategia de izquierda.
25. La izquierda tiene razón al identificar las limitaciones estructurales que constituyen el carácter de clase capitalista del Estado, evitando la orientación de la derecha hacia él. Sin embargo, esta orientación también deja al partido sin la preparación necesaria para abordar las cuestiones de autoridad política que plantea el Estado. Siguiendo su orientación, el partido se ve además privado de una base práctica para organizar a la clase obrera como una fuerza política de masas unificada a través de la democracia partidista. Tanto la derecha como la izquierda implican una gestión burocrática de la revolución, con la derecha gestionada desde dentro del Estado y la izquierda desde fuera. Para la izquierda, esto puede conducir a una espiral descendente de sectarismo: una tendencia hacia una base expansiva para la abstención, que es como la izquierda define la oposición al Estado. El punto final de la espiral es simplemente el ciclo de sectas, con tácticas rígidas, una unidad teórica elaborada y un liderazgo burocrático para imponerlo mediante escisiones, abusos y depuraciones. Como resultado, grandes sectores de la izquierda terminan fuera del partido. Por el contrario, la debilidad estratégica de la izquierda también lleva a que sus miembros se viren hacia la derecha cuando la estrategia de la izquierda se frustra, ya que ambos lados ven las intervenciones en el Estado como desconectadas de la estrategia revolucionaria.
26. La estrategia del centro se basa en el reconocimiento de que el poder de la clase obrera deriva de su capacidad de organizarse colectivamente y de la necesidad de hacerlo para alcanzar objetivos parciales. Reconocemos que esta necesidad se comparte entre las luchas en las bases, las luchas por reformas, las luchas de la clase obrera por el autogobierno en la forma de una república democrática a nivel nacional y la lucha por los intereses internacionales de la clase. Partiendo de esto, el centro busca orientar al partido en torno a los siguientes principios estratégicos: 1) utilizar la presencia del partido en las legislaturas y en sus campañas electorales para fortalecer el movimiento organizado circundante en torno a un programa revolucionario, tanto mediante iniciativas de reforma anticoalicionistas como mediante la agitación; 2) negarse a formar un gobierno hasta que el movimiento obrero esté organizado y suficientemente consciente de la necesidad del autogobierno democrático como para que sea posible la conquista del poder político, la revolucionización del Estado y la consiguiente autoemancipación de la mayoría.
27. La forma específica de programa que defendemos, el programa mínimo-máximo, se divide en dos secciones. El programa mínimo representa las condiciones mínimas para que el partido asuma el poder sobre la base descrita anteriormente. Consiste en un conjunto de demandas que, de implementarse plenamente, permiten a la clase obrera autogobernarse. Algunos objetivos de un programa mínimo podrían ser posibles bajo el capitalismo, pero si se logran todas las demandas, el Estado se transformaría en una república democrática. El programa máximo describe los objetivos comunistas finales del partido, así como el desarrollo del capitalismo y las condiciones que enfrentan el partido y la clase obrera. Desde nuestra fundación, el GUM (Grupo de Unidad Marxista) ha defendido la necesidad de un programa de mínimos y máximos. Los socialistas no podemos conformarnos con la esperanza de que el curso de los acontecimientos lleve a los trabajadores exactamente a lo que nosotros creemos. Rechazamos ocultar nuestras opiniones y objetivos.
28. Si bien es cierto que la tendencia de centro fundamenta a la izquierda y la derecha en el partido, esto es un efecto de su estrategia. Centrarse en la unidad por encima de todo solo sirve para ocultar el desacuerdo político, provocando una división a espaldas de los miembros del partido. En el peor de los casos, privilegia a la derecha cuando esta se encuentra en el lado equivocado de las barricadas. La unidad no es un "medio dorado" mecanicista entre la izquierda y la derecha, logrado mediante el equilibrio adecuado de decisiones entre ellas, como se observa en la práctica de los miembros de la facción Pan y Rosas (Bread & Roses) en cuestiones políticas divisivas. Más bien, la práctica política del centro revolucionario es lo que fundamenta y unifica al partido hasta el momento de la revolución. Sólo a través de esta práctica emerge un partido que puede arrebatar reformas a la clase capitalista y conquistar el poder político. Esto permite que todos los niveles del partido se conviertan en espacios productivos de cooperación y competencia entre las tendencias de izquierda, centro y derecha para el cumplimiento del programa del partido. A partir de aquí, describiremos las implicaciones y mandatos específicos de la estrategia del centro tal como buscamos llevarla a cabo dentro de DSA.
ASUNTOS INTERNACIONALES
29. En 1991, con la caída de la Unión Soviética, el mundo quedó sometido a un sistema unipolar basado en el Consenso de Washington, en el que el capital estadounidense y europeo pudo administrar los flujos del libre comercio de tal manera que la producción industrial recayera en gran medida en el Sur Global y, en particular, en China. Esto permitió una división global del trabajo, en la que los países de la OTAN pasaron a dedicarse a la manufactura de alta gama y a los servicios, mientras que el Sur Global se proletarizaba.
30. Desde la crisis financiera de 2008, Occidente se ha enfrentado a una triple crisis: la disminución de las tasas de productividad, una crisis de legitimidad y una crisis de hegemonía. Millones de personas en todo Occidente se enfrentan a deterioros en sus medios de vida. Esto provocó una crisis de legitimidad en la UE y en Estados Unidos, así como en los estados periféricos, lo que dio lugar al Movimiento de las Plazas en el Mediterráneo, que se convirtió en la Primavera Árabe y en Occupy Wall Street. Al mismo tiempo, la República Popular China, cuya adaptación del sistema soviético permite una mejor planificación del capital, ha comenzado a superar la producción de Occidente y va camino de superar a Estados Unidos en términos de poder duro en algún momento de los próximos veinte años.
31. La deslocalización de la producción hacia Asia Oriental también ha generado una gran cantidad de capital financiero en esos mismos países, lo que ha impulsado el desplazamiento hacia el este del sistema capitalista mundial, alejándolo de las relaciones transatlánticas y orientándolo hacia una red comercial centrada en el Pacífico. Esto socavó aún más el Consenso de Washington, allanando el camino para que las potencias emergentes emprendieran iniciativas revisionistas; entre ellas se encuentra la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que compite con el Fondo Monetario Internacional de EE. UU. en los flujos de inversión extranjera directa hacia los países en desarrollo, y la alianza BRICS para socavar la hegemonía del dólar estadounidense.
32. Estados Unidos ha pasado los últimos veinte años involucrado en guerras terrestres por todo el Medio Oriente, en un intento por asegurar la región como zona de extracción de petróleo y centro neurálgico del comercio mundial. Esto ha fortalecido las relaciones entre EE. UU. y las potencias reaccionarias de la región, incluidas las monarquías absolutas de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita; sin embargo, las exigencias de una contrainsurgencia que se ha prolongado durante veinte años y la oposición a la guerra han llevado a un ejército estadounidense diseñado principalmente para protegerse de las bajas. Cada vez más, la fuerza de combate del poder estadounidense ha recaído en grupos de mercenarios, «contratistas» y aliados locales, mientras que el ejército bajo el mandato de Obama se centró en «liderar desde atrás», con inversiones en satélites, guerra con drones y otras tecnologías de apoyo, a la vez que Estados Unidos se enfocaba en imponer disciplina al mundo a través de nuestro control de las instituciones internacionales y nuestra capacidad para excluir de ellas a los «Estados rebeldes». Trump y Biden han intentado volver a un modelo de «competidores de igual nivel» en el ámbito militar y medidas más agresivas para mantener a raya a los Estados adversarios. Este giro del poder «blando» al «duro» es en sí mismo un indicio del declive imperial, ya que los Estados ahora pueden salirse del sistema de instituciones internacionales que Estados Unidos ha establecido —el Banco Mundial, el FMI, la OMC— sin enfrentarse a una exclusión total del mundo. Además, las acciones imprudentes de ambas administraciones de Trump y la continuación por parte de Biden de la política arancelaria de Trump han hecho que la participación en las instituciones lideradas por Estados Unidos sea mucho menos ventajosa de lo que solía ser.
33. El ejemplo más claro del declive del orden mundial estadounidense ha sido la guerra en Ucrania, en la que el revisionismo ruso del orden postsoviético logró convertirse en un conflicto interestatal a gran escala entre Rusia y Ucrania, dejando atrás el anterior escenario de guerra por poderes establecido por los movimientos separatistas de habla rusa. Esto demuestra la debilidad de la capacidad de Estados Unidos para mantener la hegemonía establecida tras el colapso de la URSS, así como la voluntad de las potencias emergentes para sacar provecho de la vacilación del intervencionismo occidental. Mientras que algunos miembros de la burguesía occidental han percibido esto como una peligrosa inestabilidad global (por ejemplo, Alessandro Orsini y Tucker Carlson), otros, por el contrario, lo han interpretado como una señal para una mayor militarización, abogando por la necesidad de un renovado esfuerzo militar de la OTAN como forma de mantener este viejo orden. En cualquier caso, la militarización se ha convertido en la nueva tendencia entre los Estados capitalistas occidentales, incluida la «pacifista» Unión Europea.
34. El contundente lema de Von Der Leyen —«Si quieres la paz, prepárate para la guerra»— es emblemático de la nueva postura de la UE respecto a la militarización. Los cambios relámpagos en la Constitución alemana dieron luz verde a niveles históricos de gasto militar; esta medida, junto con los numerosos programas nuevos en materia de educación y contratación militar que se están arraigando en todo el continente, revela un gran giro europeísta en cuanto a la opinión sobre la Pax Americana. El llamado de Von Der Leyen solo se ha visto reforzado por el deterioro de las relaciones con el aliado al occidente de Europa, Estados Unidos, que ha venido tomando medidas cada vez más hostiles contra la Unión —imponiendo aranceles elevados y criticando a la Unión en su última Estrategia de Seguridad Nacional—, lo que ha llevado a muchos periodistas, políticos y generales a creer que la dependencia europea de la presencia militar estadounidense para la seguridad continental ya no es beneficioso para la UE. No se han quedado solo en palabras al viento; el plan «Readiness 2030» de la UE (anteriormente conocido también como «Rearm Europe») ha destinado 800 mil millones de euros a un programa de cinco partes destinado a fortalecer las fuerzas armadas europeas y la industria de defensa del continente.
35. Este aumento en el gasto militar afectará a toda la sociedad. Como señala Vik Chechi-Ribeiro, el enfoque «seguronomico» del gobierno de Starmer consiste en utilizar el aumento del gasto militar para integrar aún más a las fuerzas armadas en todos los ámbitos de la sociedad británica y, con suerte, resolver la crisis económica en la que se encuentra Gran Bretaña. Esto llevará a una expansión del 30 % en el Cuerpo de Cadetes, integrado por reservistas en edad de secundaria, y a la creación de seis nuevas escuelas técnicas para atender a este creciente complejo militar-industrial. Estos hechos ponen de manifiesto el peligroso atractivo de la militarización: para los líderes de los Estados de todo el mundo, el aumento del gasto militar se considera una forma de resolver, potencialmente, la crisis del descenso de las ganancias, y la mayor integración de las fuerzas armadas en la sociedad civil se ve como una forma de resolver la crisis de legitimidad que enfrentan los Estados occidentales.
36. El declive de la hegemonía estadounidense, las acciones cada vez más violentas de la administración de Trump en la escena mundial y el aumento de los gastos militares relacionados con la guerra entre Rusia y Ucrania están provocando una carrera armamentista global en cadena, ya que los actores estatales se ven obligados a aumentar su gasto militar para mantenerse al nivel del gasto militar cada vez mayor de sus rivales, lo que da lugar a carreras armamentistas regionales como las de India y Pakistán o Argelia y Marruecos. Esto también ha dado lugar a conflictos fronterizos, como el que se produjo este año entre Tailandia y Camboya. Esto ha incrementado el gasto militar mundial en 300 mil millones de dólares solo en 2025, con un crecimiento aún mayor previsto para cada año de esta década. Esto tiene consecuencias existenciales: cada dólar que se gasta en aviones, tanques y armas es un dólar que no se gasta en hospitales, escuelas e iniciativas para evitar los peores efectos del cambio climático. La militarización, como respuesta a la crisis de legitimidad, también plantea la amenaza constante de que los Estados utilicen a sus fuerzas armadas contra sus propias poblaciones. También deberíamos estar tremendamente preocupados por un sistema mundial que se asemeja cada vez más al de la década de 1910, donde en los Estados, cada vez más armados y temerosos de sus propias poblaciones, corren el riesgo de verse arrastrados a la guerra a raíz de cualquier crisis local. Una vez más, las potencias imperialistas se asemejan a la tragedia de los sonámbulos: gigantescos colosos de capacidad bélica, tan ajenos a su propia naturaleza potencialmente catastrófica, que incluso sin querer un conflicto a gran escala de inmediato, es muy posible que acaben «entrando como sonámbulos» en uno. El hecho de que nos enfrentemos nuevamente a una crisis de este tipo, tras las promesas de la «poshistoria» neoliberal, demuestra la enorme insuficiencia del capitalismo como medio para ordenar el sistema mundial.
37. La incapacidad de la clase política burguesa internacional para garantizar un orden mundial estable se pone de manifiesto una vez más en el comportamiento de los actores estatales revisionistas, quienes, a pesar de actuar en contra de la hegemonía estadounidense, no cuentan con una alternativa viable al capitalismo global. Esto queda claro en las ideas rusas y «pequeñoimperialistas» de un orden mundial soberanista propuestas por sus alianzas conservadoras transnacionales, que en la práctica emulan las antiguas ideas realistas del equilibrio de poder, lo cual, como lo demuestra la sangrienta historia de la Europa del siglo XIX, no es una solución eficaz para la crisis del sistema mundial. Del mismo modo, la vaga multipolaridad propuesta por las visiones chinas de un orden posestadounidense tampoco inspira mayor confianza en cuanto a cómo superar los problemas sistémicos del imperialismo capitalista, algo que queda de manifiesto en sus acciones durante la guerra de exterminio de Israel.
38. La lucha por la liberación total de Palestina del colonialismo de asentamiento sionista y del imperialismo estadounidense sigue siendo una tarea democrática fundamental de nuestro momento actual. La colonia de asentamiento de Israel es un Estado de supremacía judía que busca destruir la presencia del pueblo indígena palestino, segregarlo y negarle sus derechos y libertades —sobre todo el derecho al sufragio universal e igualitario— a través del escandaloso sistema de apartheid. Así como reconocemos que Estados Unidos no es una democracia y que una nueva constitución democrática debe poner en primer plano el derecho a la autodeterminación nacional de los pueblos indígenas y colonizados, nos solidarizamos incondicionalmente con el pueblo palestino en su lucha por la liberación. Romper con las «ilusiones constitucionales» aquí en nuestro país debe ir de la mano con la agitación y la organización en torno al deber internacionalista de los socialistas de desmantelar todos los sistemas tiránicos y opresivos.
39. A raíz de la fuga de la prisión de Gaza en octubre de 2023, la entidad sionista y Estados Unidos han asesinado a hasta 680 000 palestinos en el genocidio de Gaza. Desde octubre de 2025 está vigente un supuesto alto el fuego, que Israel ya ha violado en innumerables ocasiones. Sin embargo, esto no significa que el genocidio haya cesado. Israel sigue controlando el 50 % de la Franja de Gaza, donde ha establecido 48 puestos militares, interrumpiendo o impidiendo la distribución de ayuda a los palestinos y destruyendo sistemáticamente propiedades palestinas y la construcción de redes de carreteras que conducen a las bases y asentamientos sionistas fuera de Gaza. En otras palabras, Israel no tiene intención alguna de irse. Mientras tanto, funcionarios estadounidenses e israelíes han estado buscando diversos destinos para reubicar a los palestinos desplazados por la fuerza de Gaza, incluido el pequeño estado separatista de Somalilandia, aislado internacionalmente, ahora reconocido por primera vez por el Estado sionista. Al mismo tiempo, Tel Aviv está ansioso por reanudar el genocidio con toda su intensidad y está buscando la forma de hacerlo. A pesar del ridículo «alto el fuego», los objetivos coloniales de Israel siguen siendo los mismos que desde 1948: la extirpación y la limpieza étnica de los palestinos de Palestina.
40. La «relación especial» entre Estados Unidos e Israel, y su persistencia a pesar de los efectos aparentemente perjudiciales de las acciones de este último sobre los intereses del primero, viene determinada por una amplia variedad de factores, pero en última instancia se reduce a una coincidencia de intereses, por muy incompleta e inestable que pueda ser esa coincidencia en ocasiones. Esto no quiere decir que Israel sirva como un «portaaviones» del imperio estadounidense, ni que sus acciones siempre o de inmediato concuerden con los intereses de su patrocinador imperial. Más bien se trata de que Estados Unidos (y la clase dominante occidental en general) apoya a Israel porque no puede permitirse no hacerlo, ya que la destrucción de la colonia de colonos israelí sería demasiado costosa para sus propios intereses como para que pudiera tolerarla. Abandonar a Israel equivaldría a arrancar el núcleo de la estructura de integración económica y política liderada por Estados Unidos en la región, construida con gran esfuerzo como baluarte contra el declive de la hegemonía estadounidense en el centro neurálgico más importante de el sistema de acumulación basado en el petróleo que sustenta la configuración actual del orden mundial imperialista. También significaría interrumpir el circuito de reciclaje del petrodólar que sostiene el sistema financiero estadounidense y proporciona una base de clientes fundamental para el complejo militar-industrial. Por último, significaría reconocer la ilegitimidad de los aparatos legales e ideológicos profundamente entrelazados que sostienen y estructuran la Nakba en curso, la normalización de las relaciones entre Israel y los Estados árabes, el estado de seguridad interna de EE. UU. y la intervención imperial en la era de la «guerra global contra el terrorismo». La dinámica que se refuerza mutuamente, creada por la interacción de estos factores, garantiza que EE. UU. siga profundamente comprometido con la existencia continua de la colonia de colonos sionistas, a pesar de las consecuencias negativas y desestabilizadoras más inmediatas de las acciones de esta última.
41. Simultáneamente, a nivel mundial, Israel se ha convertido en un Estado paria a los ojos de la opinión pública global. Los últimos dos años de matanzas genocidas bien documentadas han puesto al descubierto ante el mundo la realidad del proyecto sionista y han desacreditado aún más al imperialismo estadounidense. Se ha desarrollado un movimiento internacional masivo de solidaridad con Palestina, que ha llevado a millones de personas a las calles, ha ejercido presión concreta sobre las clases dominantes de diversos países en torno a la cuestión de Palestina y ha empleado una amplia gama de tácticas para apoyar al pueblo palestino. Como resultado, la feroz represión a la que siempre han estado sometidos los activistas y las organizaciones palestinas se ha intensificado considerablemente. Los profundos y inextricables vínculos entre la alianza militar entre Estados Unidos e Israel y el estado de vigilancia civil nos tildan, tanto en privado como en público, de terroristas nacionales y antisemitas, creando así un clima de aceptación para que se intensifique la violencia y la represión a manos de nuestro ejército policial, entrenado por las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF). Por muy bienvenido que haya sido este movimiento antisionista global, es más que evidente que se necesita más, especialmente ahora que los oportunistas políticos tanto de la extrema derecha como de la izquierda liberal intentan canalizar la indignación en torno a Palestina hacia sus propios proyectos reaccionarios. La situación exige que trabajemos para construir la hegemonía proletaria en la lucha global por la democracia. Esto significa reconocer y articular claramente la íntima conexión entre la lucha por la democracia en nuestro propio país y la lucha por la democracia en todo el mundo, de la cual la lucha por la liberación de Palestina es el corazón palpitante. La centralidad jurídico-ideológica y político-económica del sionismo y su manifestación en la Nakba que aún persiste, en la configuración actual del orden mundial imperialista, convierte a la liberación palestina en un punto de apoyo para la transformación revolucionaria global y la autoemancipación democrática del proletariado mundial; y los socialistas deben tomar la iniciativa para desarrollar la claridad y la organización necesarias para su realización.
42. Nuestra principal tarea internacional es crear un movimiento democrático, liderado por los trabajadores, en favor de la paz y en contra de la militarización. Tenemos la oportunidad histórica de construir una nueva Internacional gracias a la interconexión de las cadenas de suministro globales, incluso entre las potencias imperialistas que compiten entre sí, lo que nos obliga a organizarnos a la misma escala a la que el capitalismo nos organiza. Esta nueva Internacional es una cuestión urgente si queremos coordinar la lucha por la paz.
ESTRATEGIA ELECTORAL
43. Más allá de generalidades, el desarrollo de una estrategia electoral marxista en Estados Unidos se ha estancado en un sistema electoral antidemocrático. La Constitución dicta la estructura fundamental del gobierno federal y la separación de sus poderes en tres ramas independientes: legislativa, ejecutiva y judicial. El poder legislativo se divide en dos órganos: la Cámara de Representantes, con escaños asignados a los estados de forma proporcional a su población, pero divididos entre 435 distritos uninominales cada vez más poblados desde mediados del siglo XX, y el Senado, con escaños asignados equitativamente entre estados con poblaciones desiguales y elegidos por mandatos escalonados. El ejecutivo está encabezado por un presidente, elegido indirectamente a través de un Colegio Electoral, que asigna delegados por estado según el número total de escaños que poseen tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, quienes votan en bloque por el ganador en su respectivo estado. La estructura de toma de decisiones y el sistema electoral resultantes han restringido cada vez más la acción política socialista durante los últimos 100 años.
44. Este sistema electoral antidemocrático condiciona un sistema de toma de decisiones igualmente antidemocrático dentro del estado capitalista. El Senado, elegido antidemocráticamente, y no la Cámara de Representantes, tiene las facultades de asesoramiento y aprobación sobre tratados presidenciales, juicios políticos, nombramientos para el gabinete y jueces de la Corte Suprema. Estos poderes, combinados con la naturaleza territorial del Senado, dan al proceso legislativo un sesgo reaccionario que refleja la política de la pequeña burguesía blanca, heredera de los colonos terratenientes. Si un proyecto de ley puede ser aprobado por ambas Cámaras, debe enfrentar más “controles” de las otras ramas del gobierno. Siguiendo el precedente de Marbury v. Madison (1803), el poder judicial, encabezado por la Corte Suprema, puede ejercer su llamado derecho de revisión judicial para declarar “inconstitucional” cualquier ley dentro de los Estados Unidos. El presidente puede, además, vetar un proyecto de ley, requiriendo el voto de dos tercios de ambas Cámaras para anular el veto.
45. La Décima Enmienda sirve además para reservar explícitamente a los Estados todas las demás funciones no detalladas en la Constitución. Estos estados, decididos arbitrariamente para dividir "justamente" el poder de los colonos entre las fuerzas más y menos esclavistas en los comienzos de la república, reciben una amplia supervisión sobre "sus propios" asuntos. A medida que avanzaba el desarrollo capitalista, las divisiones entre lo urbano y lo rural crecieron, pero los límites de los estados, tan esenciales para la distribución del Senado, no cambiaron. El resultado es la división de las principales áreas industriales en distritos electorales fragmentados dentro de estados dominados por la gran agricultura y los grandes terratenientes. En la práctica, esto significa que antiguas reformas sociales y democráticas no logran la mayoría necesaria de la clase trabajadora en los distritos electorales y se ven socavadas por los intereses de los terratenientes, los capitalistas y sus élites políticas. Incluso en centros urbanos con mayoría obrera, obtener una mayoría en el gobierno municipal enfrenta muchos desafíos, como se vio en Jackson, Mississippi, y en varios gobiernos municipales de Texas. Los estados tienen discreción sobre el propio gobierno municipal, a menudo imponiendo limitaciones a los impuestos y a los grandes presupuestos de capital, y pueden fácilmente anular o delegar jurisdicción sobre los jefes del propio gobierno municipal.
46. La condición jurídica de la DSA como organización 501(c)(4) le otorga flexibilidad para desenvolverse en un complejo sistema electoral que gira en torno a los comités de partidos políticos, de los cuales una organización 501(c)(4) debe operar independientemente para la acción política. Sin embargo, el trabajo electoral no puede ser el propósito principal de una organización 501(c)(4), cuyo propósito legal es el "bienestar social". En cambio, el trabajo legal de campaña debe estar separado en una entidad jurídica independiente: un Comité de Acción Política (PAC). Este divorcio del 501(c)(4) de la acción política continúa en la nominación formal de los candidatos del partido, que debe ocurrir a través de elecciones “primarias” administradas por el gobierno, mientras que el registro de miembros del partido generalmente también ocurre a través del gobierno. Los estados, por su parte, tienen la libertad de diseñar sus sistemas electorales a su discreción. Pueden distribuir distritos, estructurar las primarias, establecer requisitos de acceso a la boleta electoral y estructurar la propia boleta electoral con pocas restricciones, impidiendo solo las disposiciones más absurdas. Esto ha creado una red desigual de sistemas electorales antidemocráticos en todo el país que dividen y conquistan los intentos de la clase social de actuar políticamente. En efecto, este sistema divorcia formalmente la libertad de asociación de la clase trabajadora de la acción política organizada a través de un partido.
47. Los desafíos que plantea nuestro sistema electoral han generado múltiples orientaciones para abordarlos. El partido sustituto, la estrategia electoral de organizar un partido en el sentido marxista sin utilizar necesariamente una lista electoral correspondiente, es la postura hegemónica dentro del DSA. La tendencia de la "ruptura limpia" aboga por una lista electoral legal como condición mínima para presentar un candidato en nombre del DSA. Si bien reconocemos la importancia de identificarnos externamente como independientes y distintos de los partidos Demócrata y Republicano, la ruptura limpia prioriza la lista electoral, no el programa ni la organización del partido, como la distinción clave. Al igual que en el ejemplo del Partido Verde, esto resta importancia al papel del programa marxista y a su papel en la unión de los movimientos económicos y políticos locales en un partido-movimiento de clase a nivel nacional.
48. La postura liquidacionista de DSA, descrita en The Agitator, del Caucus de la Mayoría Socialista, como la "permanencia sucia", asume esta primacía, pero la invierte. En lugar de ver esta supuesta identidad con el Partido Demócrata como un problema a superar, la tendencia de la "permanencia sucia" argumenta que debemos aprender a trabajar como parte de una facción de izquierda más amplia del Partido Demócrata, correspondiente al ámbito de las ONG progresistas. Siguiendo la postura del "socio menor, dos veces distanciado", la tendencia aboga por organizar al actual partido sustituto DSA como el principal impulsor de esta facción, que ganará influencia y reformas del centro del Partido Demócrata gracias a su demostrable desempeño electoral como los "progresistas consistentes". Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) será la figura más probable de esta facción si continúa con su posible candidatura presidencial para 2028, tras haber alcanzado un ascenso dentro del Partido Demócrata al abandonar muchos de los principios sobre los que construyó una coalición para llegar al cargo.
49. A grandes rasgos, entre estos dos extremos se sitúa la tendencia de la "ruptura sucia", donde la independencia operativa respecto al Partido Demócrata se convertirá gradualmente en independencia formal, ya sea porque los centristas abandonen un Partido Demócrata que hayamos conquistado o porque nos expulsen. Aunque su nombre sugiere una síntesis productiva, tanto los liquidacionistas como los que defienden la ruptura radical han señalado correctamente la falta de movimiento de sus defensores. Subyacente a ella se encuentra un amplio conjunto de posiciones tácticas y electoral-estratégicas que no logran formar una orientación práctica coherente hacia un objetivo, por lo demás compartido, de convertir a la clase obrera en un actor político independiente. Lo más sorprendente es la frecuente pregunta de sus defensores: "¿Cómo nos separamos del Partido Demócrata?". La postura de MUG se puede describir mejor como una unidad entre un "partido sustituto en la forma" y una "ruptura limpia en el contenido". Creemos que la manera de dejar de ser un socio menor de la facción progresista del Partido Demócrata es reconocer que DSA es un partido en el sentido marxista, en virtud de su estructura democrática y su consiguiente independencia operativa. En consecuencia, no tiene ninguna obligación política necesaria con el Partido Demócrata. Nuestro programa no se reduce a la agitación que realizamos para despertar a la base obrera capturada por los Demócratas.
50. La capitulación de la "permanencia sucia" no es la solución para abordar nuestro sistema político antidemocrático, ni tampoco lo es la rebelión miope de la "ruptura limpia". Más bien, debemos llevar nuestra organización y programa independientes a cualquier contienda donde podamos presentar candidatos, ya sea en las listas electorales Demócratas, independientes o de terceros partidos. Durante la campaña, se debe esperar que estos candidatos agiten contra el sistema político antidemocrático, condenando la presidencia imperial, la Corte Suprema y el Senado. También deben promover el objetivo a largo plazo de una constitución democrática. Si resultan elegidos, la DSA debe instar a los socialistas en el poder a que utilicen sus cargos para impulsar la lucha por la democracia. Tomando como referencia la tradición de los partidos socialistas históricos, esto podría traducirse en la presentación de proyectos de ley que impongan la representación proporcional en la Cámara de Representantes, en negarse a votar a favor de los presupuestos destinados al estado policial, al ejército o al poder judicial en cualquier nivel de gobierno, o en incluir cláusulas de «no sujeto a revisión judicial» en las leyes de reforma impulsadas por el pueblo para poner la cuestión del sistema judicial antidemocrático en primera línea de las luchas más amplias por la libertad. El papel de un socialista en un cargo público elegido debería ser trazar una línea divisoria lo más clara posible entre los partidos capitalistas de la Constitución y el partido de la clase trabajadora y la democracia.
51. El sistema político de Estados Unidos no es neutral; por el contrario, es un escenario de intenso conflicto de clases. Los socialistas democráticos deben exigir un sistema electoral democrático basado en el sufragio universal e igualitario, la representación proporcional y los distritos plurinominales. Por un lado, es pedante y reduccionista considerar el partidismo como el mero deseo de una entidad jurídica de tercer partido. Por otro lado, no subestimamos cómo el actual sistema de mayoría simple y de «el ganador se lleva todo», combinado con una versión extrema de federalismo desorganiza la acción política de la clase obrera. Los socialistas democráticos deberíamos proponer el partido de masas y un sistema electoral democrático construido en torno a él como pilares fundamentales de nuestra visión de una república democrática y luchar por una ley electoral única a nivel nacional que organice las elecciones sobre esta base.
52. Las campañas electorales son una función específica del partido obrero, pero lo que las hace únicas es su capacidad para conectar con los diversos movimientos e instituciones de la clase trabajadora. En el terreno, un "partido sustituto" se basa en el despliegue masivo de sus miembros, más allá del cuadro que desarrolla la campaña, para llegar a los hogares obreros con la política socialista. Este despliegue, de al menos a miles de hogares, sólo es posible cuando la campaña expresa la política de sus miembros, la cual sólo puede discernirse a través de la democracia. Una campaña democrática presupone una infraestructura integral gestionada por miembros del DSA y en sintonía con la política de la organización (secciones o nacional) que la gestiona. Por el contrario, la opción política que presentan las campañas electorales del socialismo democrático es el programa del partido y el carácter democrático de sus operaciones hasta el campo. Esta cualidad de la organización socialista democrática en conexión con el programa del partido debe desempeñar un papel clave en la agitación de la campaña para los esfuerzos electorales del DSA.
53. Para que estos esfuerzos formen parte del proyecto partidario a largo plazo, su continuidad en los cargos electivos debe reflejar también la política de la militancia. Esto requiere una organización disciplinada de los funcionarios electos para quienes el partido organiza campañas. Sin embargo, la disciplina no surge de la amenaza de una retractación de su respaldo, una revocación ni de organizar una campaña contra un político en funciones renegado. Ambas representan fracasos del partido a la hora de elegir candidatos estratégicamente alineados que puedan trabajar con un cuerpo electoral más amplio para defender el programa del partido, lo que genera tendencias abstencionistas y revocatorias. Más bien, la disciplina surge del cultivo de una cultura abierta de crítica, donde la militancia y sus organismos sean capaces de canalizar el descontento ante el comportamiento inescrupuloso de los electos. Esto se puede hacer con la ayuda de los comités de Socialists in Office (SIO) que organizan a los funcionarios electos para llevar a cabo las políticas programáticas decididas por los miembros, con una relación democrática y transparente con los miembros del partido.
54. Para facilitar esta relación democrática, los funcionarios electos deben integrarse en la estructura del partido para participar democráticamente en los debates políticos como miembros iguales, no como líderes con los que no podemos discrepar ni como herramientas sin voluntad propia ni una política que pueda desarrollarse con el tiempo. De igual manera, los candidatos deben ingresar al proceso de apoyo preparados para trabajar como miembros individuales de iniciativas de organización colectiva hacia el parlamentarismo revolucionario en nombre del programa del partido. Esto implica un nivel de formación política que el candidato ya debe poseer o que debe comprometerse a mantener como parte de su deber como socialista en el cargo.
55. Una amenaza para la naturaleza democrática del programa electoral de la DSA son las conferencias de estrategia celebradas para los funcionarios electos de la DSA, fuera del control de sus miembros. A pesar de la conexión que sugiere su nombre, el Fondo de la DSA (DSA Fund) es una organización legalmente independiente de la DSA. La superposición histórica entre las organizaciones se ha diluido con el tiempo, y la junta directiva, que se autoperpetúa, no tiene la obligación de acatar las decisiones democráticas de los miembros de la DSA. El Fondo de la DSA ha estado organizando retiros para los miembros en ejercicio sobre estrategia electoral y gobernanza, incluso invitando a funcionarios electos que, aunque sean miembros, no cuentan con el respaldo de sus secciones. Esto difumina las distinciones sobre cuales funcionarios electos han recibido la aprobación democrática de los miembros de la DSA. Las decisiones sobre estrategia electoral y quién es un funcionario electo de la DSA deben corresponder exclusivamente a los miembros de la DSA. El Fondo de la DSA debe reorientarse, dejando de ser una fachada para el sectarismo de la derecha de la DSA para convertirse en un mecanismo adecuado de recaudación de fondos para un partido de masas. Las actividades del Fondo DSA, incluidos, entre otros, eventos y gastos, deben subordinarse al mandato democrático de los miembros, o debe dejar de existir.
56. Llevar nuestra visión del partido al trabajo electoral comienza necesariamente y ocurre principalmente a nivel de la sección. Sin embargo, la labor electoral de DSA ha enfrentado repetidas crisis, donde secciones como las de Filadelfia, Los Ángeles y la Ciudad de Nueva York no han respondido públicamente como sección ante la conducta inescrupulosa de los funcionarios electos. Incluso en casos como el de Nithya Raman, donde tanto una parte significativa de sus miembros como la mayoría del cuadro electoral de todas las tendencias sienten que el liderazgo nacional debería intervenir, la DSA nacional tiene pocas herramientas establecidas para hacerlo.
57. Crear los vínculos nacionales necesarios entre los organizadores electorales para abordar este problema, con reformas como la abolición de la división de respaldo nacional/local, requiere que los organizadores electorales locales se consideren parte de un partido político nacional. Esto depende de un aumento drástico en la capacidad de la Comisión Electoral Nacional (NEC). El año pasado, MUG y nuestros aliados, tanto en la NPC como en la NEC, lograron abrir la NEC a una membresía amplia, en lugar de un modelo de cuadros más selectivo. Esta reforma posibilitó la expansión de la capacidad de la NEC, pero debemos reconocer que aún queda mucho por hacer para hacer realidad esta posibilidad. En la práctica, esto significa trabajar para integrar a los cientos de miembros de la NEC en proyectos prácticos, como el apoyo nacional específico para proyectos como la campaña de Zohran Mamdani; programas formales de capacitación y mentoría que reemplacen las relaciones informales basadas en las facciones; desarrollar procesos comunes para el trabajo electoral y las campañas que se alineen con nuestra política electoral nacional para los secciones, a fin de lograr coherencia en la práctica a nivel nacional/local; fortalecer la capacidad nacional de investigación en torno a cuestiones legislativas y de cumplimiento, y grupos de apoyo para que organizadores electorales en condiciones similares puedan discutir cómo organizarse con éxito y construir vínculos más profundos a nivel nacional.
ORGANIZACIÓN INDEPENDIENTE DE LA CLASE TRABAJADORA
58. En DSA, los miembros del MUG dirigen grupos de lectura, campañas para la legislatura estatal, sentadas, huelgas de alquiler, coros, iniciativas electorales y grupos para la reforma sindical. Estamos construyendo una cultura alternativa en forma de espacios democráticos que crean el punto de partida de la política. Pero importa cómo hacemos política en las instituciones de la clase trabajadora. No creemos en hacer política en las instituciones de masas exclusivamente a través de cuestiones del mínimo común denominador que sean «amplia y profundamente sentidas». En este marco, nuestras victorias no se limitan a poner carne y patatas en el plato «para» la clase trabajadora, sino que amplían los círculos de concientización y conciencia política que sustentan un partido. Mediante la participación en huelgas de alquiler, los inquilinos no sólo consiguen un alquiler más bajo y unas condiciones de vida más seguras, sino que, con el colectivo de sus vecinos, reprenden la relación opresiva entre propietario e inquilino. Se convierten en la encarnación de esa visión experiencial alternativa.
59. Desde la desindustrialización y las revueltas fiscales de los años 70, las ciudades dependen cada vez más de la reurbanización y la recalificación financiadas con exenciones fiscales para aumentar el valor de la propiedad y la base impositiva. Las ciudades están obligadas, mediante presupuestos equilibrados y topes fiscales, a financiarse mediante tasas regresivas, recortes presupuestarios y el espejismo de que el desarrollo inmobiliario catalizará una base impositiva más rica. A medida que la marea del levantamiento de George Floyd retrocede, las ciudades liberales se vuelcan ahora hacia una política de revanchismo urbano, promoviendo «soluciones» para los sin techo como una mayor carceralización, institucionalización, barridos y deportaciones. Al mismo tiempo, hay un esfuerzo concertado para crear un consenso interideológico sobre la promoción de la construcción de nuevas viviendas privadas a precio de mercado como «solución» a la crisis de la vivienda. El mercado debe ser libre, el pueblo debe ser disciplinado. En estos marcos, la organización de la clase trabajadora está ausente y los inquilinos son víctimas a las que hay que ayudar con leves «protecciones» mientras el capital moldea y controla sus barrios. Nuestra visión ve a los inquilinos como aquellos que no tienen control sobre sus hogares, y a los sindicatos de inquilinos como organismos para luchar por el control y la soberanía de la comunidad.
60. Ante esta situación, la tarea de los sindicalistas socialistas de inquilinos es garantizar que el movimiento militante de inquilinos esté «unido por la unión y guiado por el conocimiento». Esto significa superar la aversión comprensible, pero equivocada, que existe entre muchos en nuestros sindicatos (y entre nuestras propias filas) a llevar a cabo campañas legislativas y electorales o a desafiar de cualquier otra forma el dominio de los propietarios-desarrolladores inmobiliarios en el ámbito estatal. Significa desarrollar un programa socialista coherente en torno a una política de vivienda que busque vincular la lucha por abordar las preocupaciones inmediatas más apremiantes y generalizadas de los inquilinos con el horizonte futuro de la conquista del poder político y la abolición de la relación de renta —un programa capaz de cuestionar el lugar hegemónico del fundamentalismo de mercado y el revanchismo urbano, tanto dentro de nuestro movimiento como en la conciencia del público en general. Por último, significa fortalecer lo local, los vínculos regionales y nacionales entre nuestras organizaciones en torno a un programa de este tipo y el desarrollo de órganos deliberativos y de coordinación a escalas cada vez mayores, órganos que involucren tanto a los líderes como a las bases del movimiento en esferas cada vez más amplias de lucha política y en niveles cada vez mayores de coherencia organizativa y estratégica. No basta con unirnos y apoyar a los inquilinos en sus organizaciones de lucha y luchas; como socialistas, es nuestra tarea liderar —aportar la claridad y los recursos organizativos necesarios para dar cohesión a esas organizaciones y elevar esas luchas al nivel de una organización y una lucha a escala nacional, capaces de enfrentar directamente y superar el poder de los terratenientes y los desarrolladores inmobiliarios desde sus cimientos en el Estado y el orden constitucional.
61. Con el fin de llevar a cabo estas tareas, renovamos nuestro llamado, ya expresado en el documento «Tareas y Perspectivas» del año pasado, a la revitalización de la Comisión de Justicia de Vivienda (HJC) y le sumamos un llamado a una lucha más decidida, siguiendo las líneas aquí expuestas, dentro de nuestros sindicatos y secciones locales del DSA. Para convertir a la HJC en una fuerza capaz de unificar la lucha a nivel nacional, ampliar su oferta de apoyo organizativo y capacitación, y construir una unidad programática en todo el movimiento, se necesitan más organizadores comprometidos que le den prioridad frente a otras tareas, aunque esto implique un distanciamiento relativo del trabajo local durante un tiempo. Los organizadores socialistas de inquilinos deberían reunirse con sus compañeros de las distintas secciones locales y sindicatos para definir una división del trabajo que les permita dedicar tiempo y recursos al trabajo nacional sin ejercer una presión excesiva sobre esos proyectos locales. Las tareas de fortalecer nuestras organizaciones nacionales y locales pueden y deben ser complementarias, pero solo podrán serlo al máximo si dedicamos el tiempo y el esfuerzo necesarios a nivel nacional para construir la estructura que se requiere para dar mayor coherencia y ampliar nuestro trabajo local. Esto significa que el trabajo a nivel nacional debe ser una prioridad relativa para el próximo año si queremos ver que nuestros esfuerzos locales den todos sus frutos.
62. Al mismo tiempo, para que el HJC pueda desempeñar el papel de clarificación y unificación del que hemos estado hablando aquí, no basta con simplemente aumentar la capacidad para su labor actual, sino que es necesario ampliar el alcance de esta labor en dos direcciones. La primera es hacia una mayor labor de educación política, agitación y propaganda, y el desarrollo de materiales que las secciones y los organizadores puedan utilizar para hacer lo mismo. La segunda es hacia la creación de un foro para las discusiones y debates estratégicos y programáticos que, en la actualidad, o bien no se están llevando a cabo al nivel que deberían, o bien se desarrollan de manera aislada y dispersa, sin una amplia visibilidad ni una participación recíproca. Una publicación podría ser una forma de abordar muchas de estas inquietudes al mismo tiempo, pero en este caso las formas no son tan importantes como el contenido, siempre y cuando las formas que se adopten estén centralizadas, sean accesibles y estén orientadas a contrarrestar la creciente ola de fundamentalismo de mercado, a fomentar el desarrollo del movimiento en su conjunto y a elaborar un programa socialista de vivienda en torno al cual dicho movimiento pueda unirse.
63. En nuestros proyectos locales de organización de inquilinos, debemos centrarnos en fortalecer los vínculos entre organizaciones más allá de las fronteras geográficas, ampliar el alcance de nuestro trabajo para incluir tácticas políticas adecuadas e introducir consideraciones programáticas para el debate y la discusión. Además, no debemos rehuir identificarnos abiertamente como miembros de DSA al llevar a cabo nuestro trabajo dentro de nuestras organizaciones independientes y destacando la importancia de construir un partido socialista y de luchar por la democracia política para hacer realidad cualquier programa centrado en los inquilinos. Ya es hora de dejar de lado cualquier reticencia que aún nos quede a la hora de derribar las barreras entre nuestro trabajo y la forma en que nos vemos a nosotros mismos como miembros de la DSA y, como organizadores de inquilinos, trabajando activamente para incorporar a los inquilinos de base no solo a la propia DSA, sino también al proyecto de convertirla en un vehículo eficaz y democrático para la autoemancipación de la clase trabajadora.
ESTRATEGIA LABORAL
64. La historia del movimiento obrero en Estados Unidos no puede ni debe tratarse por separado de la historia de este país como colonia de colonos europeos y como potencia esclavista, ni de su condición activa como corazón palpitante de un vasto imperio global. La debilidad del movimiento obrero estadounidense -caracterizado hoy por una masa suelta de trabajadores atomizados no sólo desorganizados, sino malorganizados por el racismo, el chovinismo nacional y el individualismo pequeñoburgués- puede rastrearse a través de los cimientos materiales que han sentado estas historias. Si nuestro objetivo es unir al movimiento obrero con el movimiento socialista, nuestra estrategia obrera debe estar armada con un programa que pueda reconstituir el movimiento obrero estadounidense, por primera vez en su historia, sobre la base de la independencia de clase, la autodeterminación Negra e indígena y el internacionalismo.
65. Desde la aprobación de la Ley Nacional de Relaciones Laborales (NLRA) en 1935, el trabajo ha estado mediado por el Estado. Esto ha garantizado su estabilidad, pero con la condición de vincular a los sindicatos a la reglamentación federal. Sin embargo, la ley no cubrió todos los sectores por igual; se excluyó a las y los trabajadores domésticos y agrícolas y a los «contratistas independientes». La Ley del Trabajo Ferroviario (1926) somete a los trabajadores de los ferrocarriles y las compañías aéreas a una supervisión más directa, que somete la negociación a un mediador designado por el gobierno y restringe aún más la capacidad de hacer huelga legalmente. También están restringidos los trabajadores públicos, incluidas las maestras, que se enfrentan a restricciones a la huelga en muchos estados. Este marco legal, desigualmente distribuido entre la clase trabajadora, supone un incentivo para que los sindicatos se unan a grandes coaliciones de políticos «pro-obreros». Para los dirigentes sindicales, esto significa codearse con diversos funcionarios del gobierno a cambio de escasas muestras de apoyo o respuestas legislativas a cuestiones de organización.
66. Por supuesto, este enfoque de la política surgió en una época diferente, con condiciones drásticamente distintas. El recrudecimiento de las luchas obreras hasta 1936, ayudado por políticos con una desconocida mezcla de simpatía y miedo, condujo a la creación de la legislación laboral moderna, con los sindicatos apoyando en general este cambio hacia la legalidad. Esto supuso un cambio significativo respecto a la antigua política de la AFL de limitarse a organizar los oficios y oponerse a cualquier intervención o concesión gubernamental. En términos más generales, representaba la esperanza de que la mediación estatal pudiera conducir a una forma de democracia industrial a través de la presión externa de los trabajadores, incluso sin la presencia de un partido obrero políticamente independiente, dada la política de «frente popular» del CPUSA. Esta ilusión sigue coloreando la relación del movimiento obrero con el Estado hoy en día, a pesar de la Ley Taft-Hartley (1947), los juicios macartistas y las crisis económicas como el Volcker Shock.
67. Desde finales de la década de 1970, la desindustrialización ha supuesto cambios transformadores en el proceso laboral, la exportación de la fabricación a gran escala y el desplazamiento hacia el sector de servicios han alterado la composición de la clase. Tanto los sindicatos de oficio como los industriales han sufrido las consecuencias de estas presiones económicas y de las consiguientes decisiones políticas, y el número de afiliados ha disminuido drásticamente. Su solución a esta crisis de organización ha sido la fusión «desde arriba» y el abandono de la organización sectorial en favor de muchos sindicatos de organización «general». Los años 90 y principios de los 2000 representaron el apogeo de esta tendencia. El «monstruo púrpura» de Andy Stern devoró a los sindicatos más pequeños y unió sindicatos nacionales ultraburocráticos y afiliaciones como el 32BJ y el ya desaparecido Sindicato de Trabajadores de Servicios. El SEIU de Stern también creó la federación Change to Win (Cambiar para Ganar) en un proceso impulsado por las rencillas interpersonales y la reorganización corporativa del trabajo en un modelo profesionalizado de organización de personal. La culminación de la era de las «megafusiones» fue la efímera unión de UNITE (fabricación textil) y HERE (sector hostelero) con el fin de generalizar el sindicato, evitando la muerte de UNITE por la hemorragia de la industria textil y proporcionando a HERE una muy necesaria inyección de efectivo a través de las cuotas y el control del Amalgamated Bank de UNITE.
68. Estas fusiones sindicales crearon asociaciones de sindicatos locales, con una estructura verticalista, que se extendieron por una amplia zona geográfica. En lugar de funcionar como asociaciones de base, están dirigidas por un sector profesional de personal sindical liberal. En lugar de depender del poder de las cifras sindicales, el personal opera en nombre del sindicato mediante campañas corporativas cuyo éxito se basa en ofrecer favores a los políticos. El estilo de "organización por acuerdo" de los nuevos megasindicatos los animó a presionar a los políticos entrantes de la era Obama para que apoyaran la Ley de Libre Elección de los Empleados (EFCA), que habría consagrado el acuerdo de verificación de tarjetas de membresía sindical y eludido el modelo electoral típico de la NLRB utilizado anteriormente. A pesar de un intenso cabildeo, la EFCA y su sucesora, la Ley PRO, no lograron aprobarse bajo múltiples administraciones del partido Demócrata. La federación Change to Win, que prometió organización masiva "desde arriba" mediante una administración competente y un gran gasto, no cumplió sus promesas y el SEIU, con el rabo entre las piernas, ha recurrido a la AFL-CIO para capear el temporal de la administración Trump.
69. En general, los sindicatos de trabajadores de la construcción han pasado de abarcar obras municipales casi integrales a proyectos de alto costo en el sector inmobiliario comercial. En este contexto, los sindicatos patronales se manifiestan en su forma más reaccionaria: los agentes comerciales ofrecen mano de obra altamente cualificada a la dirección de proyectos, fomentando a menudo la construcción de proyectos espurios como hoteles, estadios y otros inmuebles comerciales con el objetivo de mantener el empleo. Para los sindicatos de servicios, estos acuerdos secretos suelen generar acuerdos de verificación de tarjetas de membresía sindical y pactos de caballeros que intercambian contratos precarios por paz laboral. Para los agentes contratados de los sindicatos de trabajadores de la construcción, existe poco interés en organizar nuevos trabajadores mediante acuerdos, o en la organización tradicional del trabajo eventual. Algunos gremios se están quedando atrás con los cambios tecnológicos, como los caldereros; otros (albañiles, techadores y pintores) se niegan a organizar trabajadores que no estén directamente controlados por el contrato del agente contratado.
70. A diferencia de UNITE o UAW durante la transición en la industria ligera y pesada, no hay intentos de superar la irrelevancia o el provincianismo y fusionarse en sindicatos intersectoriales o expandirse a sindicatos de organización general. El problema de la afiliación a los oficios se ve agravado por los aprendizajes insulares, aunque estos se han abierto en general en la última década tras muchos años de reclutamientos pequeños y selectivos. Los sectores desaprovechados de los oficios de la construcción realizan la gran mayoría del trabajo: la contratación privada, los servicios públicos, la construcción a pequeña escala y la mayoría de las viviendas residenciales se realizan en gran medida al margen de los sindicatos. Este trabajo también está organizado predominantemente por sectores de la clase menos representados por los oficios de la construcción, especialmente la mano de obra inmigrante y negra. Estas masas de trabajadores, jóvenes y potencialmente revitalizantes para el movimiento obrero de la construcción, son descuidadas e ignoradas por los burócratas de la vieja escuela, relegándolas a los trabajos temporales más duros y explotadores de su sector.
71. La tendencia predominante de los sindicatos existentes se deriva de la estrategia de los burócratas de la vieja escuela, que prioriza el cretinismo legislativo sobre la organización de las bases. Estos burócratas se basan en las fusiones, los favores políticos y los fondos existentes, ignorando la creciente masa de trabajadores no organizados, que ahora constituyen el 90% de la fuerza laboral estadounidense. Sin embargo, esto sólo resulta en fracasos y reveses para el movimiento laboral. Organizar a los no organizados en sindicatos debe ser una prioridad absoluta y una responsabilidad fundamental de todos los sindicatos existentes; sin embargo, carece de fuerza política para sus altos mandos. Esto se basa en una diferencia política fundamental entre los socialistas y los administradores sindicales liberales. Solo la coordinación partidista entre el ataque de nuestros funcionarios electos a la legislación laboral antidemocrática que divide a la clase trabajadora y el ataque de nuestros organizadores sindicales a la dictadura en el lugar de trabajo puede ofrecer un camino a seguir que implique el aumento de la densidad sindical. Incluso si ofrecemos esta vía como DSA, los organizadores sindicales deben identificarse con la organización y luchar por el apoyo sindical a este proyecto de partido; esta es la única manera de que esta tarea se convierta en una verdadera prioridad organizativa para los sindicatos. La otra opción es que el movimiento sindical continúe su espiral descendente hacia la irrelevancia, facilitando que la clase capitalista aísle a los existentes miembros de sindicatos y los enfrente contra los trabajadores no organizados. Las campañas de sindicalización de la UAW en el Sur de Estados Unidos son un paso positivo en esa dirección, al igual que otras campañas nacionales como las de los trabajadores de Starbucks y Amazon. A pesar de la disminución de sus números, los sindicatos poseen enormes recursos, más de 13 mil millones de dólares en activos líquidos en conjunto, para invertir en nuevas campañas de sindicalización, pero o bien los descuidan como si no fuera una cuestión existencial o bien los malgastan priorizando las campañas electorales "pro-sindicales" sobre la sindicalización de los trabajadores. Los socialistas declarados deberían promover y liderar nuevas campañas de sindicalización para demostrar solidaridad con las masas trabajadoras, conectando su lucha contra las dictaduras en el lugar de trabajo con la lucha de DSA contra la dictadura de la clase capitalista.
72. En la última década, se ha producido una nueva ola de acción sindical, con importantes huelgas como la de los docentes en estados republicanos y la huelga Ponerse de Pie del UAW. Sin embargo, a pesar de este aumento de la militancia, las cifras brutas del movimiento obrero aún se encuentran en su punto más bajo: las elecciones sindicales de la NLRB pueden estar aumentando, pero el tamaño general de la unidad de negociación es pequeño. Algunos sectores del movimiento obrero parecen estar liderando el camino, especialmente Starbucks Workers United y las diversas campañas de organización de Amazon, que han experimentado un auge en los últimos cuatro años. El espíritu de "organización por acuerdo" para legislar las victorias laborales regresó brevemente bajo la administración Biden como apoyo a la Ley PRO, pero se extinguió rápidamente. Ahora, la mayor lucha en el horizonte parece estar relacionada con la propuesta de Shawn Fain de una "huelga general" en 2028, coordinada por una alineación masiva de contratos en todas las industrias. No hay evidencia de que realmente se esté organizando, a pesar de los grandes pronunciamientos.
73. Solo un partido socialista independiente puede sentar las bases de un movimiento obrero independiente. Gracias a la dedicación de sus organizadores abiertamente afiliados en los sindicatos y en el lugar de trabajo, el partido establece vínculos prácticos inmediatos con los trabajadores organizados. Mediante el apoyo que ofrece mediante legislación, apoyo a huelgas y agitación que desarrolla una conciencia sindical, en sintonía con el programa, el partido facilita una vía entre estos vínculos prácticos y sus intervenciones políticas, incluyendo la conquista del poder político. Establecer estos vínculos prácticos requiere, en primer lugar, una orientación del partido hacia la organización en el lugar de trabajo, lo que a su vez implica una organización sistemática del partido en el lugar de trabajo. Esto no significa lanzarse a plantar una bandera roja con resoluciones o asambleas electorales socialistas, sino más bien la organización de los miembros del partido en los mismos sectores y lugares de trabajo para desarrollar tácticas, estrategias laborales y análisis que orienten sus intervenciones. Todo esto conduce a cómo el partido logra el apoyo de los sindicatos: a través de las bases. La "afiliación", tema de debate en el grupo Pan y Rosas (Bread & Roses), simplemente implica la aprobación automática de la dirección sindical y conlleva una violación de la política de "un miembro, un voto", tan fundamental para la democracia partidaria. En cambio, nuestro enfoque debe basarse en debates políticos con los trabajadores, derivados de los vínculos prácticos que forjamos a través de nuestra organización. El partido que construimos debe ser un partido socialista, unido por un programa para la conquista del poder político por parte de todo el proletariado internacional, no un partido laboral de sindicatos afiliados formalmente, dominado por intereses locales, economicistas o social-chovinistas.
74. Dos estrategias sindicales predominan en el movimiento socialista: el enfoque sectario de la “izquierda” y el enfoque neutral de la derecha. La orientación sectaria se da en grupos "sindicales rojos", donde los socialistas se involucran en la agitación como parte de una campaña permanente de oposición pura dentro de sus sindicatos. Esto alcanza su punto álgido durante las campañas por los contratos, donde el "grupo rojo" busca provocar y mantener una huelga indefinidamente para catalizar el movimiento obrero. Sin embargo, estos suelen ser pequeños grupos de radicales y unas pocas bases frustradas que buscan movilizar a la clase desde afuera, no una organización democrática que busca obtener una mayoría. Esto está directamente relacionado con la concepción sectaria del partido: el "estado mayor de la revolución" capaz de gestionar a la masa de trabajadores a través de sus pequeños grupos profesionalizados durante un levantamiento revolucionario. Vemos esto en Teamsters Mobilize, que despegó junto con la lucha por el contrato de UPS de 2023, oponiéndose a O'Brien y al TDU.
75. La postura de la derecha, el neutralismo, es la práctica actual de DSA en el movimiento obrero. En la práctica, se manifiesta como la tendencia a evitar las grandes divisiones políticas dentro de los sindicatos y, por extensión, a evitar un enfoque sistemático en ganar la adhesión de las bases al partido. En los debates estratégicos, esto se ejemplifica con figuras como Jeremy Gong, quien ve al movimiento obrero como un campo independiente y separado del partido que lo precede en términos de estrategia, a pesar de sus numerosas salvedades individuales. Sin la opción de una oposición socialista democrática, los trabajadores organizados a través de la estrategia de base se enfrentan a los callejones sin salida de la asfixia continua bajo el Partido Demócrata, las falsas promesas del Partido Republicano o un compromiso apolítico y sisífico de organizarse para recrear un New Deal.
76. La alternativa no es intentar tomar el control del movimiento obrero como una minoría "militante" ni romper con las decisiones democráticas de las bases. En cambio, aprovechamos pacientemente cada lucha como una oportunidad para contrastar el programa y la práctica del Socialismo Democrático con todos los demás dentro del movimiento obrero, presentándonos como los luchadores más consecuentes de este último. Para promover la práctica del Socialismo Democrático en el movimiento obrero, necesitamos una Comisión Nacional del Trabajo (CNL) sólida. El estado actual de la CNL es disfuncional incluso para las funciones básicas de coordinación práctica y apoyo a la organización sindical de las secciones. Si bien está compuesta por cientos de organizadores obreros dedicados, su enfoque se centra principalmente en aspectos externos a la Comisión. Las políticas neutralistas desvían la atención práctica casi por completo de la construcción sistemática de conexiones orgánicas entre el partido y el lugar de trabajo, lo que lleva a descuidar organismos como la CNL. Para prosperar como organismo de apoyo y coordinación de nuestras luchas laborales, la CNL debe centrar su atención principal en la formación de secciones coordinadoras para los sectores e industrias en los que los miembros del DSA están organizando.
77. Las secciones industriales del NLC deben ser el punto de partida de nuestras intervenciones políticas en el ámbito laboral. A través de estos grupos, los miembros de la DSA pueden estudiar la estructura y las prácticas de su sector, mapear los principales lugares de trabajo y evaluar el estado del sindicalismo para desarrollar intervenciones efectivas. Podemos brindar educación sobre la historia industrial y sindical, tanto en el taller como a través de reuniones al estilo de Notas Laborales (Labor Notes), y desarrollar literatura que aborde las prácticas y maniobras empresariales de los líderes empresariales. Los trabajadores pueden desarrollar políticas e intervenciones políticas utilizando la investigación y el conocimiento práctico. Más importante aún, esto prepara a la clase para desarrollar las habilidades y la experiencia necesarias para administrar la sociedad colectivamente. Con el apoyo del NLC, las secciones pueden apoyar el desarrollo de las secciones industriales mediante la creación de filiales en los centros de trabajo, animando a los miembros de las secciones a aceptar empleos en sectores estratégicos y coordinando intervenciones políticas en el ámbito laboral.
78. Las tácticas variarán naturalmente entre sectores y lugares de trabajo. Los boletines laborales y la educación política pueden ayudar a desarrollar una cultura de base donde los trabajadores piensen más allá de la monotonía del trabajo y se enfoquen en el reino y la administración colectiva de la economía. Dependiendo de las circunstancias, podemos construir caucus amplios basados en la democracia y la militancia sindical, y presentar candidaturas para líderes dentro del caucus para desafiar el mal liderazgo sindical, o podemos intervenir en caucus existentes abogando por la acción política independiente. No basta con simplemente pintar de rojo a sindicatos vaciados. Nuestro objetivo es obtener el respaldo a la acción política organizada por el partido mediante reuniones de la base, no mediante la aprobación automática de la dirección. A través de nuestras intervenciones, construiremos un compromiso con el sindicalismo industrial y la organización de los no sindicalizados.
79. Somos un pequeño grupo de socialistas que interviene en un movimiento obrero debilitado y a menudo ineficaz, en condiciones en las que amplios sectores de la clase trabajadora permanecen desorganizados. En muchos casos, nuestras tareas inmediatas son básicas: luchar por la existencia de un sindicato, por el derecho a acceder a nuestros contratos sindicales o por celebrar reuniones sindicales regulares. A medida que eduquemos, organicemos y luchemos contra la patronal, nuestro número crecerá. Las amplias asambleas sindicales organizadas sobre la base de la democracia sindical básica se verán eclipsadas por la expansión de las secciones industriales socialistas en sindicatos verdaderamente democráticos, a medida que los trabajadores se afilien al propio partido y asuman las reivindicaciones del socialismo democrático. Esta vanguardia de masas transformará sus sindicatos en órganos de lucha de clases, unidos por su partido y su programa para una nueva república. Esta fusión de ideas y lucha comienza con nuestra intervención como socialistas, que es, por necesidad, explícita y abiertamente política.
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